Francisco Martín Medrano
Documentación: Archivo
Eduardo Cardenal y familia Monroe.
En
los libros de historia circense, tanto Maximino Rodríguez
Viejo como Eduardo Cardenal Gómez ocupan lugares
sobresalientes en sus respectivas especialidades. Criados en
la posguerra española en distantes puntos geográficos, desde
niños les tocó trabajar en distintos oficios; esta
experiencia multidisciplinar les sería de gran utilidad en
su vida itinerante. Ambos compartieron afición autodidacta
por el mundo de la pista circular, a la cual se vieron
abocados inexorablemente por su irrefrenable vocación. En
distintos momentos, sus vidas se cruzaron y surgió la
amistad, la cual dio extraordinarios frutos artísticos.
El
loco del rulo
Maximino Rodríguez Viejo nació en Santa Cruz de Mieres
(Asturias) el 15 de agosto de 1935; era el mayor de ocho
hermanos. En su pueblo tendió sobre el río Caudal uno de los
cables de la mina, lo ancló a dos árboles y cruzaba en
equilibrio de un margen al otro; también ascendía por los
cables inclinados que sujetaban las torretas de la mina. Al
pueblo vecino de Moreda vino la familia de saltimbanquis de
Michelín y con ellos quiso irse; su padre se lo impidió por
ser menor de edad, pero le concedió permiso al año
siguiente. Entre las destrezas que practicaba aquella
troupe estaba el ejercicio sobre un rulo encima del
suelo; enseguida Monroe mejoró aquel número. En la segunda
mitad de los años cincuenta, con el paréntesis del servicio
militar trabajó en los circos Koyan, Pompeya, California,
Italia y Atlas. En los sesenta intercaló ya sus actuaciones
en las mejores salas de fiestas de Madrid y Barcelona, con
el Price estable (1961, es la primera vez que Eduardo ve
actuar a Maximino)
y las carpas: Berlín Zirkus, Kron… En 1964 realizó temporada
con el legendario Ringling Bros. and Barnum & Bailey en
Estados Unidos.
Conocido artísticamente como Monroe, fue quien elevó la
disciplina menor del rulo y la
convirtió en gran atracción.
Sus rutinas eran impecables, las ejecutó sobre pedestal y
fue el padre de los rulistas. La labor con lazos era otro de
sus momentos estelares de número. Estos méritos justificaron
que se le concediese el Premio Nacional de Circo 60-61, por
el entonces Ministerio de Información y Turismo; en una
época en la que España tenía extraordinarios artistas
trabajando por todo el mundo. A su regreso a Europa, integra
la compañía del Circo de Francia (Gruss) en gira por España,
recorre las principales salas de variedades de los países
nórdicos y finaliza los sesenta con temporadas con las más
importantes empresas del viejo continente: Krone, Knie y
Pinder…
La
del 70 estuvo con los Hermanos Tonetti en su Circo Atlas; el
año anterior realizó visita a esta casa y vio trabajar en la
misma a Cardenal y le facilitó la ruta por carretera para
viajar a Noruega. El Coliseo de Oporto, el Tower Circus
inglés de Blackpool, el parisino Moulin Rouge —en el que ya
había estado en el 67—, temporadas en Italia con los
materiales de la familia Orfei y, tras unos años en las más
importante salas de fiestas europeas, tiene un grave
accidente en el Scala de Barcelona. Solía despedir su
actuación realizando un salto mortal atrás a tierra desde el
pedestal; falló el aparato al coger impulso y se fue al
suelo de cabeza. Tras superar el estado de coma, se le
implantó una prótesis. Mientras se recuperaba en Barcelona
en casa de su hermano Alfredo, coincide casualmente con
Eduardo Cardenal y le convence para que se vaya con él.
Eduardo había sobrellevado una importante lesión en el
cuello con medicina natural y orienta a Monroe. Éste, a su
vez, entrena a Tito, hijo de Eduardo con seis años de edad,
con el número de rulo. Eduardo además le fabrica
personalmente un nuevo aparato más seguro a Monroe, así como
los rulos. La capacidad de sacrificio y esfuerzo de Monroe
se pusieron a prueba. Pese a haber perdido ángulo de visión,
y no poder realizar la parte de malabares de su trabajo,
rehace el número. Algunos empresarios, como Ángel Cristo, le
dan trabajo cuando aún estaba recuperándose.
Sorprendentemente, Monroe consigue a continuación la parte
más brillante de su carrera: nueva gira por parques de
atracciones, un contrato por tres años con el prestigioso Moulin Rouge parisino, actuaciones en los grandes hoteles de
Sudáfrica, Corea, Puerto Rico, Israel, las Vegas… acogen el
resurgir de esta gran figura.
En
1985, su enorme paciencia y dedicación en los ensayos, los
secretos de Monroe
según su gran amigo Cardenal, le
posibilitan crear un número cómico con una cabra pequeña
(1985-1987) con la que triunfa en la sala Cabra de Oro de la
Costa Brava. Los siguientes años, hasta 1992, los trabaja en
distintos circos con su número de osos en las empresas de
Francisco Ribera, Jesús Santos, Machiño… y Cardenal.
En
su carrera fue presentado por las más importantes cadenas de
televisión, incluido el programa norteamericano de las
grandes estrellas Ed Sullivan Show. Participó en galas junto
a artistas como Frank Sinatra. Tuvo cuatro hijos: Alfredo
—que colaboraba en el número de osos, ya fallecido—,
Maximiliano, Roberto y Natalí. Finalmente, tras haber sido
uno de los grandes, falleció el 27 de septiembre de 2007 en
su pueblo natal. Seguramente las riadas hayan acabado con
los árboles entre los que tendía y templaba el cable por el
que se desplazaba en sus comienzos. Sin embargo, su valía
artística y su carácter desprendido de lo material y
solidario, han hecho de él una leyenda para la gente del
circo y cuantos tuvieron la suerte de tratarlo.
El Gran Cardenal
Eduardo
Cardenal Gómez, personalidad de gran simpatía natural,
inquieta y activa, nació en Madrid en 1944. Cuando contaba
nueve años vio en Murcia el Circo Estambul de los hermanos
Almela y decidió que quería ser artista de circo. Su
adolescencia la pasó realizando diferentes oficios, entre
ellos el de mecánico, que le permitiría años más tarde
aplicar estos conocimientos prácticos a la construcción de
aparatos y vehículos. Su ocio lo ocupaba en el gimnasio de
la “Agrupación Deportiva Ferroviaria”, en lugares al aire
libre donde entrenaban acróbatas y equilibristas (la Casa de
Campo, el pinar de las Siete Hermanas y el Cerro de los
Locos) y viendo el Circo Price estable madrileño.
Su
primer número lo presentó junto a Salvador Camuesco Alonso
“Salvita”, al que se incorporaría como portor José Luis de
la Peña de Mingo, integrando el trío de olímpicos “Los
Platerson”. Paralelamente ensayaba su número de
equilibrismo, con el que debutó en 1962 en la plaza de toros
portátil de Getafe. En 1963, trabaja como equilibrista por
primera vez en un circo, el Arriola; y junto a Ángel Garrido
Granja, como los pulsadores “The Olimpic”, en otros
escenarios.
Tras el servicio militar, estuvo con los equilibrios en el
Circo Bruselas de Hernán, el Berlín Zirkus de Pepe Cristo y
la compañía de Manolo Escobar; en la que conoce en octubre
de 1967 a su futura mujer, la bailarina Francisca Tendero
Nieto; la cual se incorpora a su número como partenaire.
El Circo Roma, Coliseo dos Recreios de Lisboa, Circo Atlas
(1969) y el último programa del Price de Madrid de la Plaza
de Rey antes de su demolición acogen el arte de esta
ilusionada pareja de artistas. Eran momentos importantes
para su carrera, ya realizaba el equilibrio a un brazo
moviendo cinco aros con las extremidades y la boca,
ejercicio que le dio fama mundial y que ningún artista ha
superado; en el Atlas quiso trabajar con una mano rota; y en
la postrera función de Price, simuló un accidente para
“vender” mejor el número. Muchos creyeron que fue verdad,
hasta tal punto que así lo refleja la prensa de la época; el
director del circo noruego Arnardo, le fichó incluyendo en
el contrato el simulado accidente, en la temporada 1970.
Circo Royal en Madeira, Palacio de Cristal de Oporto y
nuevamente el Coliseo dos Recreios de Lisboa, donde en sus
actuaciones encendían “las luces de la honra” en lo alto de
la cúpula —era costumbre únicamente mientras la actuación de
las grandes figuras—.
En
1971, gira por Italia con el Circo de Barcelona de Leonida
Casartelli; en junio se fractura la tibia y el peroné.
Mientras se recuperaba creó su segunda atracción, el coche
cómico; para la cual transformó a un Fiat Balilla de 1935,
dotándolo de múltiples mecanismos que daban la sensación de
que tenía vida propia (camuflado en el mismo solía ir su
hermano Julián o su cuñado José Luis). Coliseo de Oporto,
Circo Kron y gira en 1973 por Estados Unidos con el material
de tres pistas del Hubert Castle International, uno de sus
más inolvidables triunfos. Sin embargo, cuando actuaba en
Tucson (Arizona) tuvo una grave caída que le provocó
aplastamiento en una vértebra cervical, que trajo consigo un
pinzamiento en la médula. A consecuencia de lo cual en la
temporada de 1975 ya no pudo hacer su número de equilibrios
en el Circo Atlas. Al no encontrar remedio a su grave lesión
en la medicina convencional, tuvo que recurrir a la natural.
En
1976 aplica todo lo aprendido del sistema de ventas en
espectáculos en América y, con su experiencia mecánica,
elabora máquinas con las que trabaja con Feijóo-Castilla y
los hermanos González. Por aquel entonces, su hijo Tito
presenta y triunfa como rulista, con siete años, con las
enseñanzas de Monroe.
En marzo de 1978, Eduardo
comenzó a recorrer los pabellones deportivos de España
dirigiendo la compañía Festival Internacional del Circo. Su
mujer —con facilidad para conducir hasta los camiones más
grandes—, sus dos hijos Virginia y Tito, su nuera Jette
Segura, su hermano Julián y su cuñado José Luis, junto a él
eran el núcleo de esta empresa. En la que las experiencias
acumuladas en ventas, mecánica, así como los números de la
casa del coche loco y el rulo, en el espectáculo, fueron
fundamentales. En
1984
estrenan su primera carpa. Parte de su gira anual siempre la
realizaron en las Islas Canarias y, de manera exclusiva a
partir de 1989, hasta el cierre del Circo Cardenal en 2005.
Uno de los méritos de su empresa es el de haber llevado a
todos los rincones de aquellas islas su circo. A lo cual
correspondió el pueblo canario cada temporada con sus
aplausos y nombrando a su empresa “El Circo de las Islas
Canarias”. En su pista en estos 28 años han trabajado
excepcionales artistas: los payasos Hermanos Moreno,
Fulgenci, Monti y Oriol; la domadora Mary Chipperfield; los
acróbatas de cama elástica Graziella, Rosa y Juan Farga; los
malabaristas Rafael de Carlos y Manuel Álvarez, la
trapecista Jette Segura (nuera de Eduardo)… y los osos de su
amigo Monroe.
Recientemente ha
publicado el libro Autobiografía del equilibrista
madrileño Gran Cardenal y el Circo de las Islas Canarias.
En estos momentos concentra sus energías, rodeado de sus
cinco nietos, en la escuela de circo que tiene instalada en
Loranca de Tajuña (Guadalajara), el cuartel de invierno de
sus carpas. Nos dice del último proyecto de Monroe: “Quería
preparar el burro de alta escuela. Y lo hubiese hecho porque
tenía el don de la paciencia. No regateaba tiempos a la hora
de ensayar”. La leal amistad entre Monroe y Cardenal es una
demostración ejemplar de cómo la gratuidad entre amigos hace
más grande al otro y dignifica al hombre.