Número 27. Septiembre de 2009
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En la recta final de esta segunda temporada, Laboral Teatro nos ha presentado una serie de espectáculos y proyectos de diverso signo y de gran calidad, como ha podido ser la actuación del afamado compositor estadounidense Philip Glass; la video-instalación Ocho lecciones sobre el vacío con final feliz, creación ubicada en la iglesia de la Laboral por la no menos conocida Marina Abramović; el proyecto artístico Mugatxoan, que aunó diversas representaciones de las artes contemporáneas como la performance, artes visuales, danza y teatro gracias a la colaboración entre Arteleku (Donosti), Fundação de Serralves (Oporto) y el propio Teatro de la Laboral; o el L.E.V. Festival, que Laboral Teatro también coproduce como espacio en el que música electrónica, artes visuales y escénicas se unen como una nueva forma de expresión artística, y que este año ha alcanzado un gran nivel con propuestas multidisciplinares de artistas como Peter Greenaway, el coreógrafo Rui Horta o las experiencias sonoro-visuales de mi apreciado científico/artista Alva Noto, como él prefiere denominarse, entre otros artistas de gran calidad.
Sin embargo en referencia a este final de temporada deseo centrar mi atención sobre los cuatro espectáculos o experiencias escénicas más cercanas al objeto de esta revista, experiencias escénicas en términos de lo que han supuesto para mí como espectador, y por tanto partícipe de las mismas.
experiencia primera
Loin
Rachid Ouramdane
17 de abril. 20’30 h.
Rachid Ouramdane recoge la experiencia identitaria de su propia familia y construye un hilo argumental que parte de lo particular para abrirse a lo general, a lo global. Nos invita a que le acompañemos en su viaje, a través de imágenes y testimonios diversos, para hacernos reflexionar sobre los procesos de identidad ligados a los conflictos armados, en este caso, de Indochina y Vietnam, y de cómo esos territorios aún guardan testimonio del paso de aquellos extranjeros que allí llegaron para combatir. Pasos y testimonios que, en la actualidad, se van borrando inexorablemente por el asentamiento en dichos espacios de un nuevo tipo de colonialismo económico de las multinacionales basado en la “Mcdonalización” del territorio.
Una reflexión sincera sobre la identidad, sentirse extranjero en tierras lejanas, y de cómo estos conceptos se convierten en sentimientos que distorsionan al hombre contemporáneo urbano que con ellos se encuentra.
experiencia segunda
b.c, janvier 1545, fontainebleau
Christian Rizzo / l’association fragile
24-25 de abril. 20’30 h.
En el año 2004, durante el montaje de la obra Ni fleurs, ni ford mustang, para el Ballet de L’Opera de Lyon, Christian Rizzo descubre a la bailarina Julie Guibert, convirtiéndola, desde ese momento, en su fuente de inspiración. Este encuentro es lo que lleva a Rizzo a crear, únicamente para ella, un solo de danza cuyo título es b.c., janvier 1545, fontainebleau. Este título proviene de una pequeña historia en la que, en dicho año, el escultor Benvenuto Cellini se encuentra con el encargo realizado por el rey Francisco I, que entonces habitaba en el castillo de Fontainebleau, para que le hiciese dos esculturas. Ante la imposibilidad de culminar el encargo, realiza sólo una con un sistema de movimiento y luz, que llamará la Ninfa de Fontainebleau.
Bajo esta idea inicial Christian Rizzo concibe una obra de inmejorable factura, de gran calidad interpretativa y escenográfica, creándose sobre el escenario un punto de encuentro, a modo de gran partitura, de los diversos elementos escénicos que la componen.
Un espacio escénico totalmente blanco del que cuelgan suspendidas diversas piezas de formas “dalinianas”, creadas a partir de objetos reciclados de otras obras; pequeñas velas de “capilla” distribuidas por el suelo crean un espacio para el culto a su ninfa, a su musa personal; endebles imágenes proyectadas sobre las paredes; una arquitectura lumínica del espacio basada en el deslizamiento y vibración de la luz; climas sonoros que mezclan manipulaciones electrónicas, sonidos industriales y urbanos. Todo ello junto con la presencia de una mujer fascinante vestida en negro, con una elaborada expresión facial que recuerda a personajes de la pintura flamenca; de movimientos lentos; con frases y desarrollos coreográficos repetitivos que se abren, en espiral, desde el centro de la escena; desplazamientos inestables sobre los tacones plateados; el espacio recorrido en diversos ángulos; acompañada por el propio coreógrafo en su papel de personaje surrealista, a la vez que maestro de ceremonias de lo que sobre el escenario acontece, hacen de ésta una pieza que consigue tensionar todos sus elementos para hacerlos uno, una pieza pensada y creada para resaltar la condición protagonista de la mujer única que habita ese espacio singular.
En definitiva una obra de una concepción compleja pero de puesta en escena sencilla, de una sencillez envuelta en una gran elegancia, una obra a la vez que impresionante, imprescindible. En ciertas ocasiones no hace falta ser un entendido para apreciar lo que es bueno, y ésta, sin duda, es una de ellas.
Por último, y a modo de confidencia personal, permítanme confesarles que aún a día de hoy, y es la primera vez que me ocurre, lamento no haber acudido de nuevo a la segunda representación, que tuvo lugar al día siguiente, para tener la ocasión de volver a transitar por esta inolvidable segunda experiencia.
experiencia tercera
Versus
Rodrigo García
12-13 de junio. 20’30 h.
Rodrigo García nos habla, a través de Versus y con su particular lenguaje, de la realidad de hoy desde una posición combativa, radical y comprometida que llega como una onda de choque hasta nuestro fuero más interno. Nos agita, incomoda, nos abofetea para despertarnos de ese largo letargo, impuesto por los dioses globales del mercado, que impide que seamos dueños de nuestro propio futuro, dueños de nuestros deseos, dueños de nuestras propias vidas. Dioses que nos impiden ver con claridad la realidad que tenemos ante nosotros, para darnos a cambio una ya hecha a su medida, no a la nuestra.
última experiencia
Jerk
Gisèle Vienne
26-27 de junio. 20’30 h.
En el pasado año su obra
Con textos de Dennis Cooper, la extraordinaria actuación de Jonathan Capdevielle y unos recursos escénicos mínimos (una silla, una mochila, cinco títeres y un radiocassette), esta creadora consigue desarrollar una obra tan fascinante como atrayente, que atrapa nuestra atención de manera constante.
Como podrán intuir no se trata una obra complaciente. En ella la creadora nos sitúa ante un espejo en donde se refleja lo más abyecto del ser humano, nos sitúa de cara a nuestro otro yo, a nuestro lado oscuro, a la fascinación por el mal. Pero no lo hace de manera brusca, nos amortigua este encuentro con la utilización de pequeños títeres, pequeñas pausas para la lectura de textos, o mínimos diálogos, en ocasiones distendidos, del actor con el público, aunque no por ello la obra deja de retorcernos lentamente por dentro.
Gisèle Vienne nos extrae del mundo cotidiano, aceptado, reglamentado, “decente”, y nos lleva de la mano, como observadores que no pueden dejar de mirar, a nuestro propio reverso, hacia ese reverso oscuro y oculto en el que lo obsceno, lo lujurioso, lo execrable, lo perverso también puede llegar a existir como parte de nosotros mismos, aunque no queramos admitirlo.
Es Jerk una obra que navega intencionadamente entre la realidad y la ficción, que nos turba y nos trastorna ya que pone en duda nuestras certezas. Es una obra que supone una experiencia de desbordamiento, que nos invita a caminar por el sendero de la transgresión, a cruzar la frontera de lo prohibido, de los interdictos sociales. En esencia, Jerk se convierte en una singladura por el pensar y sentir del novelista, ensayista y poeta francés Georges Bataille. Erotismo, transgresión y muerte, vinculadas íntimamente, constituyen las coordenadas en las que se mueve esta poderosa obra.
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